La cena
Reseñas

La cena

Herman Koch (Londres, 1963) ■ Salamandra (2012 ■ 284 páginas ■ 32 soles


La fiesta inolvidable

Novela. Después de leer La cena uno terminará sintiendo repulsión por la alta cocina, la alta política y por las clases altas, pero estará satisfecho de haberse encontrado con una excelente novela, considerada en varias listas internacionales como una de las mejores del año (aunque su versión original sea de 2009).

Ámsterdam, capital de la libertad sexual y de uno de los países más educados del mundo, ciudad de coloridas bicicletas, hermosos canales y excitantes vitrinas, tiene naturalmente restaurantes cinco tenedores en los que el ingreso es exclusivo para gente como Serge Lohman –casi seguro de ser electo próximo Primer Ministro holandés– y su rubilinda esposa Babette. Lo curioso es que en esa ocasión los acompañen su hermano Paul Lohman, un profesor agresivo y huraño, y su esposa Claire, quien parece encarnar la cordura del cuarteto. La razón de la invitación no se hace evidente de inmediato, se paladea poco a poco.

La novela transcurre en el tiempo que dura una cena de degustación de siete platos –absurdamente complicados y exiguamente servidos por un amanerado y entrometido maitre– en un restaurante de lujo de la capital de los Países Bajos. A medida que se engullen los platillos –todos acompañados de vinos carísimos, por supuesto– nos damos cuenta de que hay un secreto de familia del que nadie quiere hablar y que Paul Lohman va descubriendo poco a poco, como hace también con algunos detalles íntimos que pueden resultar chocantes. (Lo mejor será que las almas en extremo sensibles eviten esta obra). Alrededor del plato de fondo conocemos una relación quebrada entre un hermano exitoso y otro que vive de un seguro de desempleo y del trabajo de su mujer. Y sin embargo no es de ellos de quienes se habla finalmente, sino de sus hijos. Los primos son una pareja de adolescentes que estudian juntos y se han convertido en mejores amigos, por no decir cómplices, luego de cometer una «pequeña travesura» que pone en peligro no solo la elección de Serge al más alto cargo de la nación, sino sobre todo la vida de más de una persona del entorno de los Lohman, en especial la de un adolescente africano que fue adoptado por el político y que ahora amenaza con descubrir el salvajismo de la raza blanca.

Es curiosa la forma en que Koch relata los hechos de violencia, con mesura pero evidente ironía, como quizá lo hubiera hecho Theo Van Gogh, el polémico cineasta holandés que fue asesinado en 2004 por un islamista radical. Y es que los Países Bajos, un aparente refugio de civilización y de concordia –en La Haya está el famoso Palacio de la Paz, sede de la Corte Internacional de Justicia, a mayor abundancia– de vez en cuando tiene su Joran Van der Slot que remece la sensación de bienestar en el país de los quesos y los molinos de viento. De ahí que La cena lleve esa carga tan fuerte, verosímil y ofensiva.

Imágenes de violencia y racismo en Youtube, complejas relaciones entre padres e hijos y odios fraternales, son algunas de las terribles y nada aleccionadoras pistas que se sucederán entre comidas y con las que llegaremos al postre y al café en la novela. Lo que al principio era una comida elegante termina siendo, con el correr de las páginas, una batalla campal de resentimientos y reproches en que las mujeres acaban sacando las garras por la libertad de sus hijos. Quien no llegue al final de La cena con el estómago revuelto y feliz de vivir modestamente en un país aparentemente menos civilizado en que el cebiche es el rey, debería analizarse. No es broma. Por Alejandro Neyra


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