Cuerpos secretos
Reseñas

Cuerpos secretos

Alonso Cueto (Lima, 1954) ■ Planeta (2012) ■ 375 páginas ■ 42 soles


El laberinto de la otredad

Novela. El escenario: una Lima segmentada por muros demasiado altos como para traspasarlos sin consecuencias, casas de playa que son solo cáscaras, y academias preuniversitarias que contienen el sueño de toda una vida. Alonso Cueto ubica a su lector en una ciudad quebrada, donde las clases sociales dejan un estigma que afecta a todos sus habitantes. Y es ese estigma el que ostentan Lourdes y Renzo: ella, señora de clase alta, con un matrimonio que nunca ha funcionado, y miles de máscaras que la ocultan pero que le permiten funcionar en medio de una vida que aborrece; él, migrante empeñoso y metódico, trabaja como profesor de Matemáticas y pretende ordenar la existencia bajo su lógica numérica. Lo único que pide es una academia propia y una vida tranquila. La pareja se encuentra: el choque, la violenta irrupción en escenarios desconocidos, las máscaras que caen y el mundo que se desordena. De pronto parece que es posible el cambio, que la identidad puede transfigurarse. La felicidad, se revela súbitamente, nunca estuvo en los lugares acostumbrados, sino en sus márgenes.

Tal como hizo en la premiada La hora azul, en Cuerpos secretos Cueto se opone a las convenciones socialmente aprendidas y propicia el encuentro de dos mundos que no pueden, no deben o no suelen rozarse, y por ello su inesperado contacto provoca una catástrofe. Sus personajes cuestionan la ideología dominante que ha construido su identidad y los ha convertido en algo que ellos nunca hubieran querido ser. Por tanto, la novela disecciona las ideas preconcebidas en cuanto a raza, clase social y edad, y por ello sus personajes descubren al peligroso «otro», que finalmente resulta ser más parecido a uno mismo de lo que les gustaría reconocer.

Cuerpos secretos es también una crítica a la frivolidad de la clase alta, un retrato íntimo de ese mundo donde todo es un simple juego de apariencias. El amor es el disfraz de la conveniencia, las mentiras destrozan al desprevenido, las parejas y chismes se intercambian, pero las miradas nunca dejan de voltearse, discretas, al chocar las copas de vino. Renzo, el profesor, aparece como la promesa de la suspensión temporal de esa hipocresía. Y aunque se refieren a él como «uno de los hombres más buenos del mundo», la mezcla de realidades inconexas traerá consecuencias irremediables. Cueto nos muestra la resistencia de ambas clases sociales y analiza cómo los prejuicios se desmoronan cuando Lourdes y Renzo logran traspasar sus propios límites, los que les fueron impuestos culturalmente, y se enamoran. Por ello, Cuerpos secretos demuestra un reconocimiento del otro en dos sentidos: el de encontrar(se) y (re)descubrir(se) en su diferencia. Como el proceso no resulta libre de tragedia, todo parece confirmar la imposibilidad de construir en Lima un mundo donde las clases sociales no sean un problema. Por eso, el crimen, la eliminación simbólica de los obstáculos que imponen las taras coloniales de la urbe, representan la renovada esperanza de la construcción de una utopía, del espacio no contaminado en el que lo aprendido se desvanece y el aparato de control ideológico que pesa sobre nosotros deja de funcionar. Por Jennifer Thorndike


Recomendados:
Resplandor de noviembre (Abelardo Sánchez León)
Maestra vida (Pedro Félix Novoa)

¿Escribes reseñas y quieres compartirlas en nuestra web? Escríbenos a libros@buensalvaje.com contándonos en dos líneas quién eres, y sobre qué libros quisieras escribir 350 palabras. Sé específico y, si tienes un blog, indícanoslo.