Visual

El espejismo del desierto

Vida, pasión y muerte del arte peruano (2000-2012)

Por David Flores-Hora


art1El estado de la cuestión
El ambiente artístico limeño podría ser el gran espejismo del desierto. De lejos parece brillante, jugoso y abundante. De cerca es mayormente acrítico, centrípeto, políticamente correcto y muchas veces aburrido.
En un país donde el Presidente de la República ni siquiera mencionó la palabra «cultura» en su último discurso oficial, podemos deducir que las artes visuales, desde una política de estado, no es prioridad.
El crecimiento económico ha hecho posible la movilidad de artistas, quienes ahora se forman y exponen en otros países. Este momento de relativa bonanza también ha generado el crecimiento del coleccionismo y del mercado del arte local. Sin embargo, la institucionalidad artística –y todos sus agentes implicados– no han llegado a crear una «escena» de las artes visuales propiamente dicha. La endogamia es la gran característica de los últimos años.art2La institucionalidad
Un nefasto personaje de camisa amarilla, en su faceta de Alcalde de Lima, fue el mayor culpable de la cancelación del evento de artes visuales más importante de los últimos años en el Perú: la Bienal de Lima (1997-2002). Pese a todos sus errores, la Bienal permitió posicionar a Lima en el panorama internacional artístico, así como la llegada de artistas y teóricos de primer nivel; y generó un debate alrededor de la visualidad peruana. Esta cancelación fue el gran fracaso cultural de la década, y nos dejó en claro varios argumentos: lo poco cohesionada –y la poca trascendencia– del panorama artístico limeño; además, la gran capacidad que tenemos de elegir gobiernos ignorantes, mentecatos sin interés por la cultura. Por ejemplo, no podríamos imaginarnos la cancelación de la Bienal de Sao Paulo sin protestas y plantones. En Lima nada de eso pasó, el debate duró algunos días y todo un proyecto quedó reducido al recuerdo.
El concepto de vacío museístico se ha repetido hasta el cansancio en los últimos años. Sin embargo, es imposible hablar de esto y no pensar en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC-Lima), espacio que nos demostró por muchos años la incapacidad que tenemos de poder gestar un proyecto cultural o museístico real, inclusivo y trascendente. Ahora, a puertas del inicio de sus actividades, apostamos por un verdadero espacio de encuentro, un museo para todos.
De otro lado, el Centro Cultural de España fue el gran espacio de vanguardia durante casi toda la década pasada. Sin embargo, el recorte presupuestario parece haber determinado el perfil último de este lugar. Nunca hay que olvidar que más importante que el dinero es la capacidad de reinventarse en cualquier contexto. ¿Quién decía «gracias a Dios por la crisis»?
El Instituto Cultural Peruano Norteamericano (Icpna) implementó una política editorial de lujo: la gran calidad de sus exposiciones solo compite con la de sus publicaciones. Por otro lado, el concurso de artes visuales «Pasaporte para un artista», de la Alianza Francesa, es un semillero de artistas. Mantener un concurso de este tipo es uno de los más grandes aciertos de la institución.
En los últimos años el MALI se ha consolidado como el espacio más importante de discusión y difusión de artes visuales en Lima. La creación del Comité de Adquisiciones de Arte Contemporáneo (CAAC) ha contribuido a la dinamización del mercado del arte. La contratación de Sharon Lerner como curadora de arte contemporáneo fue un gran acierto. Sin embargo, y apelando al sentido crítico, la publicitada re-inauguración del museo fue empañada al incluir un evento de tipo blockbuster: la exposición «Portraits» de Mario Testino.
Por último, ya que hablamos de institucionalidad artística, no podemos dejar de referirnos a proyectos independientes, y muchas veces autogestionarios, como Micromuseo («al fondo hay sitio»).
 
La Academia
En setiembre de 2007 un derrumbe en un salón de la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) no solo dejó tres heridos y un techo destruido, también evidenció la endeble situación por la que atraviesa la educación superior de arte en el país. Es de esta forma que «el accidente» (acontecimiento físico) dio visos de «la situación» (acontecimiento real). Un verdadero cambio en esta facultad no es solo pasar del asbesto al concreto; debería ser pasar de la mediocridad al empoderamiento profesional y la capacidad crítica.
La situación de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes del Perú (Ensabap) no es más prometedora. El mayor de sus problemas es un grupo de profesores en decadencia, desactualizados y sin ninguna capacidad de generar un motivación real a sus alumnos. Felizmente, en los últimos años la Ensabap ha apostado por jóvenes docentes, jóvenes coordinadores y un joven director. Esto, indudablemente, ha oxigenado el acontecer de esta escuela y nos hace pensar en nuevos (buenos) tiempos por venir.
Las escuelas de enseñanza de historia de arte –el pregrado y posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y el posgrado de la PUCP– mantienen una gran deuda con la historiografía contemporánea peruana, con el debate y la generación de ideas. Indudablemente la existencia de estos estudios en Lima ha despertado el interés por el análisis del arte, la curaduría y la crítica. Sin embargo, falta un verdadero afán por entregar herramientas de gestión y discurso a sus estudiantes y egresados.

El mercado
En la segunda mitad de la última década surgieron proyectos que intentaron democratizar la adquisición de objetos artísticos. Con una dinámica de feria de arte a bajos precios, estos eventos no fueron grandes aportes al desarrollo de la plástica peruana. Sin duda, crearon un interés por nuevas generaciones de artistas, pero la mala selección de los participantes generó confusión y malos hábitos de consumo de arte.
Por otro lado, y frente a la falta de una feria de arte internacional en Lima, en 2013 habrá dos de estos eventos en simultáneo. Esta situación puede ser positiva en tanto permita un real contacto de artistas, teóricos, y espacios de arte con la producción internacional.

La crítica
Élida Román, en EL COMERCIO, y Luis Lama, en CARETAS, son los dos críticos de arte con mayor constancia en el medio. La sistemática desaparición de las páginas culturales hace que nos preguntemos, temerosos, cuánto tiempo más durará el espacio para la crítica de arte en el Perú antes de extinguirse por completo.

La curaduría
La curaduría es una espacie de «carrera del futuro». No debería sorprender la próxima aparición de posgrados en curaduría. Esto indudablemente será un negocio redondo para las instituciones que los organicen, pero será un gran paso en falso para quienes los cursen.

Los estudios curatoriales son propuestas académicas en muchos lugares del mundo, pero en esos lugares suele haber un sustento teórico que avale la propuesta. Preguntas obvias surgen: ¿cómo se puede pretender ser curador sin tener una base sólida en historia del arte, estética o arquitectura? ¿Cómo se puede explicar que se confunda el ejercer como curador con escribir un texto para una muestra?
Aunque todavía hay mucho por discutir y plantear, es bienvenido todo interés y trabajo serio en curaduría. Sin embargo, nunca se debería olvidar que esta es una toma de posición, y es poner en evidencia un punto de vista crítico.
 
La conclusión
En una entrevista al teórico de arte canadiense Serge Guilbaut, autor del libro DE CÓMO NUEVA YORK ROBÓ LA IDEA DE ARTE MODERNO, dice lo siguiente: «Los coleccionistas, los museos y el establishment internacional de los curadores, y debo admitir que estas apreciaciones pueden resultar muy duras, están produciendo un gran daño a la cultura. Porque rechazan el debate y están preocupados más que nada por la cantidad de visitantes».
Efectivamente, y en total concordancia con Guilbaut, rechazar el debate y la crítica es caer en la apatía más grande. Las prácticas artísticas son mecanismos de cuestionamiento: el artista es también un agente de cambio. El empoderamiento de la escena de las artes visuales en el Perú es un compromiso que debe ser asumido por todos los involucrados.

David Flores-Hora (Lima, 1981) es historiador del arte, crítico y curador. Actualmente dirige la sala Miró Quesada Garland de la Municipalidad de Miraflores.

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