Poesía

Diario de una costurera proletaria

Por Victoria Guerrero


Dejo la palabra La olvido

Ensarto hilos rojos negros azules fucsias verdes

Harta ya de los Concursos Públicos para Plazas Docentes

Empecé a bordar cada prenda de mi ropero

Arreglé mis títulos doctorales y los guardé junto a la estantería de libros

Para que no se sintieran menos

CV a foja «0»

Lo archivo

lo fondeo

El mercado quiere profesionales en tiempo récord

Títulos y masters,

etc. a granel

Pero las costureras somos para siempre


La poesía de mis manos

La poesía de mis ojos

Dejé de lado las «bellas artes» y las «altas letras»

Al fin comprendí que me eran inalcanzables

Acuñé un nuevo lema en letras plateadas recortadas

sobre una cartulina negra

M U E R T E

  A

 LOS

         P O E T A S                 H I G I É N I C O S

Y por el momento no sé hacer otra cosa


La costurerita ha tomado la antigua máquina de coser

Vive encerrada en una mansión antigua y oscura

Proletaria quería ser

Pero es imposible

¿Quién pensará en ella?

Yo la pienso

Yo la pienso –dice el cuervo


Las burguesías del tercer mundo son fieras y asesinas

Y cuando caen se refugian en una costurerita

Una mujercita de su casa

Que solo sabe coser y leer

Leer y coser


En el autobús tres mujeres están bordando

Dos hacen una pastilla a croché

Una teje con palitos

Ya nadie aprecia ese arte


Mi madre tejía toda la noche.

Sus manos eran sus ojos.

¿Nos mirarían sus ojos?

Está condenada a hacer cosas con sus manos

Coser y coser

Bordar y bordar

Pintar y penar

Todo lo que no pudo hacer

cuando la muerte era tan solo una palabra


Mantel

Mi madre tejió un mantel

A croché

En ese tiempo yo no sabía nada

Lo llevaba a todos lados

Me asombraba que tejiera en la oscuridad de un cine

Pero ella lo hacía

Y al día siguiente no sobraba ni faltaba una sola pastilla

Así era mi madre en aquellos tiempos

Una mujer extraña

Trabajaba de día y los fines de semana tejía

Me llevaba al teatro

Yo no la entendía en ese entonces

Las madres de mis amigas permanecían en casa

Cocinaban   Las recogían de la escuela   Les preparaban la lonchera

Cuando el mantel estuvo terminado

Lo puso en la mesa

Era magnífico

Pero yo en ese tiempo no lo entendí

Era complicado

Me enredaba en su delicada trama

Veía a mi madre a través de esos anteojos de hilo

Ella seguía siendo diferente a las otras:

Trabajaba de día

Bordaba los fines de semana

Y no soportaba demasiado estar en casa

Yo nunca la entendí

Quizá no supe lo suficiente

Tampoco ella me enseñó

Pensó que era demasiado para mí –o muy poco

Ahora mi madre dice que no puede hacer nada con sus manos

El mantel permanece guardado en el cajón de la cocina

Yo me llené de diplomas

Y no sé bordar

Muchas veces he pensado en lanzarme por la ventana

Pero me pongo a escribir o a cortar papel y se me olvida

Victoria Guerrero (Lima, 1971). Ha publicado seis poemarios, entre ellos Ya nadie incendia el mundo, Berlín y el recientísimo Cuadernos de quimioterapia. Es profesora universitaria y codirige la revista de política y literatura Intermezzo tropical.

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