Reseñas

Tetrammeron

José Carlos Somoza (La Habana, 1959) ■ Seix Barral (2012) ■ 236 páginas ■ 75 soles


Novela. Soledad tiene apenas doce años y todos parecen ignorarla. Tarda poco en darse cuenta: quizá sea invisible y por eso nadie advierte su presencia. Le divierte creerlo y le inquieta a la vez. ¿Será posible? Sale de excursión escolar una mañana sin imaginar que su vida cambiará irremediablemente.

En una mesa, cuatro personajes forman el Tetrammeron: círculo selecto e indescifrable, reunido exclusivamente con el propósito de narrar cuentos. Soledad quedará cautivada o desconcertada –al igual que nosotros– con las historias del cascarrabias señor Formas, el retorcido señor Obispo, la sofisticada señora Lefó y la glacial señora Güin. Unas rayan lo absurdo, otras lo misterioso, lo fantástico, lo inhumano o lo terrorífico: una expedición para hallar pruebas fósiles de la existencia de Venus, un excéntrico ladrón de lencería femenina y su insólito canje con una espía soviética, un chico campesino trastocado por la foto de una actriz de Hollywood, una asesina de niños que se revela como apóstol del diablo, un magnate que logra aislar la partícula de la maldad…
La narración se inicia con una caja de color caoba. Debe abrirse con cuidado pues dentro hay una caja más pequeña, y, dentro de esta, otra. Somos niños ante estos cuentos, atentos, a la espera de cada final. Pero como niños también estamos a merced de quien cuenta. El narrador se impone y dirige la manera en que leemos: todo es parte del juego, de la ceremonia. Nos vemos obligados a desligarnos de lo innecesario para llegar ligeros al punto crucial del relato. Lo mismo que Soledad, que tendrá que abandonar su propia vida para comprender la magnitud de lo que pasa: ahora es parte de aquello que escucha.

José Carlos Somoza presenta con esta novela, en apariencia juvenil, el inevitable despertar de toda inocencia. Hacia el final, nos regala un guiño cómplice: la aventura de Soledad quizá no sea sino una parábola de la soledad del creador al fabular, su obligación de desprenderse de sí mismo para poder ser otros. Por Dante Ayllón.


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