Reseñas

El libro uruguayo de los muertos

Mario Bellatin (Ciudad de México, 1960) ■ Sexto Piso (2012) ■ 276 páginas ■ 52 soles


Novela. Crear porque la vida no basta. O generar una dimensión con sus propias leyes de funcionamiento, que relegue a este mundo banal y predecible. O acaso la búsqueda de Mario Bellatin sea algo más impulsivo y secreto: dejarse llevar por la intuición y activar una escritura que dé forma a una suerte de libro de las revelaciones. Quizá estas puntualizaciones sean inútiles y lleven al lector al desvío, a semejanza de las elecciones poco convencionales del narrador de El libro uruguayo de los muertos, quien, convaleciente, decide por su cuenta tomar la mitad de la dosis prescrita de una medicina. Más sucesos extraños: la investigación que emprende este narrador sin nombre –aunque las señales indican que es el mismo Bellatin– junto al escritor Sergio Pitol en La Habana, invadida por unos muñecos que han aparecido en la isla. El narrador cuenta estos hechos a un enigmático remitente. Se menciona con frecuencia México, aunque la sensación es que todo transcurre en un no lugar. Las acciones son directas, no es necesario leer entrelíneas, pero los fragmentos de texto más parecen direcciones hacia ningún sitio específico, como si este Libro fuera la antesala de un orden desconocido. Y de repente, se alude a un hijo que murió al caer por la ventana, a una perra suicida o a la publicación de Salón de belleza por la editorial City Lights. Un territorio anónimo del horror y de una rara hermosura, donde el narrador confiesa: «A veces me pongo a pensar en todo lo que he dejado por la escritura, y no creo que exista algo en mi vida que esté más allá de ella misma».
A algunos esta, acaso la obra más autorreferencial de Bellatin les parecerá una broma. Otros, los habituados al universo creado por el mexicano, se deslumbrarán por su escritura de tono espontáneo, sostenido por una estructura sofisticada e impresionante. Dejarse inocular por esas letras causará adicción y conducirá al lector a un sistema donde, por tramos, ideas en apariencia inconexas se juntan y generan su propio sentido. Una zona donde las palabras sobreviven aferradas a la misión de invocar una dimensión secreta. Por Philip Winter.


Lectura recomendada: El amante uruguayo (Santiago Roncagliolo)
El perseguido de la calle Gerard (Rafael Moreno Casarrubios)
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