Ficción

El sistema Solar

Por Mariana de Althaus


Escena uno (extractos)
Una sala. Un árbol de Navidad. Edurne, una mujer de treinta y cinco años, está sentada en un sillón, como una muñeca antigua a punto de romperse. En otro sillón está Puli, un niño de ocho años. En silencio.
Entra Pavel, de treinta años, con una botella de vino.
Pavel: ¿Todavía no llega?
Edurne: Ya deben estar llegando.
Puli: Papá, ¿puedo ir a ver la tortuga?
Pavel: No. (A Edurne) ¿Por qué dices «deben»?
Edurne: ¿Cómo que por qué digo «deben»?
Pavel: ¿Viene con ella?
Edurne: Claro.
Pavel: ¿Por qué no me dijiste?
Edurne: ¿No te lo dije?
Pavel: No.
Edurne: Me olvidé.
Pavel: Puli, anda a ver a la tortuga.
Puli sale. Silencio. Pavel mira a Edurne con odio.
Edurne: Es su novia, quiere pasar la Navidad con su novia también, es natural.
Pavel: Para eso está el Día de los Novios, ¿por qué tiene que pasar con la novia la Navidad? El Día del Padre uno está con su familia, no con la novia…
Edurne: Ella no tiene.
Pavel: ¿Qué?
Edurne: Familia. Ella no tiene familia.
Pavel: Tiene tías.
Edurne: Ha estado a punto de morir, Pavel, hemos podido pasar la Navidad en el cementerio. Puli está feliz porque su abuelo está sano, hagamos un esfuerzo y tratemos de llevar la fiesta en paz, ¿sí? Además yo tengo que contarle.
Tocan la puerta. Edurne se arregla el pelo y va a abrir. Entra Leonardo, el padre, en terno y muy bien peinado, en una silla de ruedas que empuja Paula, una joven de 25 años. Edurne y Pavel se impresionan al verlo.***
Leonardo alza su copa invisible. Pavel alza su copa y brinda. Silencio.
Edurne: Hay algo que quiero contarte, papá.
Leonardo: Yo también tengo algo que contarles. Pero primero… (Solemne). Gracias, Edurne. Gracias por invitarnos, en serio. La Navidad es una buena mierda si uno no la pasa en familia. Me siento muy bien. Me siento magníficamente bien.
Silencio incómodo.
Edurne: ¿Qué tienes que contarnos?
Pavel: Primero tú, Edurne. Papá, ella dijo primero que tenía algo que contarte.
Leonardo: Es verdad. Es que te tengo miedo, ¿eh? La última vez que me dijiste que tenías algo que contarme, terminé llamando a Alerta Médica, ¿te acuerdas?
Edurne: Estoy embarazada.
Silencio.
Leonardo: ¿TÚ estás embarazada?
Edurne: Yo. Sí.
Leonardo: ¿Pero hablaste con tu psiquiatra? ¿Te dio permiso?
Pavel: Papá.
Leonardo: ¿Quién es el padre?
Edurne: Un chico que conocí.
Leonardo: ¿«Un chico que conocí»? ¿Vas a tener un hijo con un chico que conociste?
Edurne: Sí, lo conocí, salimos… y ya. Salí embarazada.
Leonardo: Ya. Y el chico ese que conociste, ¿qué opinión tiene al respecto?
Edurne: Eso no es lo importante, papá.
Leonardo: No, no, yo no tengo idea de qué es lo importante. Quisiera que me ilustres. ¿Qué es lo importante, Edurne?
Edurne: Es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Leonardo: Lo mismo dijiste cuando entraste a esa escuela de música de Londres, y a los pocos meses tuvimos que traerte de regreso con dos cicatrices en las muñecas, directo del aeropuerto a una clínica psiquiá…
Edurne: Voy a ser madre, papá. Esto es otra cosa.
Leonardo: Sí, esto es mucho peor.
Pavel: Papá…
Edurne: No te preocupes, Pavel. Está bien.
Leonardo: Bueno, ¿y a ese niño cómo lo piensas alimentar? ¿Con canciones?
Edurne: Sí, bueno, pero…
Leonardo: El padre va a contribuir, me imagino, ¿no?
Edurne: No.
Leonardo: ¡No! ¡Genial!
Edurne: Bueno, yo nunca te he pedido, hace años que no te pido nada, pero ahora con esto, el mundo es cada vez más duro para una cantante, y yo… Bueno, necesito un adelanto de herencia.
Leonardo ríe.

***
Escena dos (extractos)
Edurne: ¿Tengo que agradecerte?
Leonardo: Lo que quiero decir es que no sé cómo ser contigo. Como padre, digo. Nunca supe cómo ser un padre para ti. Siempre has sido un desafío. Desde que naciste me di cuenta de que tenía enfrente a un desafío. Te miraba ahí, tan chiquitita y tan gigante a la vez y yo decía «Uyuyuy, estoy en problemas». Tu hermano me resultó fácil, un chico bueno, sencillo, tranquilo. Pero contigo siempre armo la estrategia errónea. Me equivoco siempre. (Pausa). Quería decírtelo.
Edurne: Ya.
Leonardo: Así que no sé qué hacer. Dime tú qué hago.
Edurne: Dame la plata.
Leonardo: Está bien. Cuánto quieres.
Edurne: Cien mil dólares.
Leonardo: ¡¿Pero cuántos bebés vas a tener?! ¡¿Ocho?!
Edurne: Dos.
Pausa.
Leonardo: ¿Dos?
Edurne: Voy a tener mellizos.
Leonardo: ¿Mellizos?
Paula: ¿Estás embarazada de mellizos?
Edurne: Sí.
Paula: No sabía… ¡Felicitaciones!
Paula le da un sincero abrazo a Edurne, que lo recibe con frialdad.
Paula: Dos bebitos. Qué maravilla.
Leonardo: Sí, maravilloso. ¿No piden exámenes psicológicos para parir mellizos?
Pavel: Papá…
Leonardo: Me preocupo por la vida futura de esos bebés…
Edurne: Tranquilo, papá. Nací para esto. Vamos a estar bien. Y si igual voy a heredar algún día, es mejor que lo haga ahora que lo voy a necesitar, ¿no crees?
Leonardo: Necesito hablar con tu psiquiatra primero.
Edurne: Ya no voy al psiquiatra.
Leonardo: ¿Cómo que ya no vas al psiquiatra?
Edurne: He dejado la medicación, estoy probando algo alternativo…
Leonardo: ¿Alternativo?
Edurne: Terapia sacrocraneal, flores de Bach, yoga…
Leonardo: ¡Flores! ¿Justo ahora, dejar la terapia para intentar con flores, te parece buena idea?
Edurne: Es el momento ideal.
Leonardo: ¿Y yo por qué sigo pagando cada mes al psiquiatra?
Edurne: Ahora está yendo Pavel.
Leonardo: ¿Pavel?
Pavel: No es cierto, solo fui una vez.
Edurne: No mientas, Pavel. Has ido los últimos dos meses.
Pavel: No, no he ido, solo fui una vez.
Leonardo: ¿Entonces por qué me sigue cobrando ese doctor?
Pavel: Está yendo Puli.
Pausa.

***
Leonardo: Me voy a morir.
Pavel deja de tocar y Edurne deja de cantar. Miran a su padre. Pausa.
Leonardo: Es lo que tenía que contarles. Siento arruinarles así el villancico, es que hace rato que quería contárselos. Además no me gusta nada esa canción, su madre la cantaba todo el tiempo, la he escuchado por lo menos trescientas veces. Tengo cáncer terminal, me quedan pocos meses, según el doctor. Aunque yo me propongo desafiar su pronóstico, desde ya se los digo. Pensé en guardar el secreto pero luego decidí contárselo a ustedes. No dramaticemos, vamos a aceptar la realidad, todos tenemos que morir de algo. Qué ironía, Edurne, tú me cuentas que vas a tener mellizos y yo te cuento que me voy a morir. Es una buena posta, no vas a negar. Ni planeado hubiera salido mejor. No voy a tener que hacerte ningún adelanto de herencia, hija. Me voy a morir de lo mismo que murió mi padre.

Mariana de Althaus (Lima, 1974) es directora teatral y dramaturga. Ha escrito más de una docena de piezas, entre las que destacan Ruido, Entonces Alicia Cayó (ganadora del Tercer Concurso de Dramaturgia Peruana) y El lenguaje de las sirenas. El sistema Solar se acaba de estrenar en La Casona Proyect, de la galería 80 m2 (Malecón Pazos 252, Barranco). Va hasta el 3 de diciembre.
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