Reseñas

Flores en las grietas. Autobiografía y literatura

Richard Ford (Mississippi, 1944) ■ Anagrama (2012) ■ 224 páginas ■ 104 soles


El apogeo de la normalidad

Novela. Es imposible que las claves de la obra de cualquier autor se agoten en un listado finito de experiencias, temáticas o influencias. Sin embargo, la lectura de esta compilación publicada para el público hispanoamericano puede provocar la ilusión de abarcar, de manera bastante integral, los significantes que subyacen bajo los textos de uno de los grandes narradores norteamericanos contemporáneos. Las novelas y relatos de Richard Ford suelen mostrarnos personajes cuyas bellezas físicas o posiciones de privilegio subrayan las extravagancias de sus conductas y los inusitados destinos que estas conllevan. O también, y en pocas palabras, la humana imposibilidad de alcanzar la plenitud. Pueden tratarse de seres que poseen una visión pesimista de sus relaciones familiares, al tiempo que despliegan conductas nihilistas o autodestructivas; que ejercen insípidos oficios para resolver el problema de la subsistencia, y se hospedan en frías habitaciones hoteleras convertidas en los escenarios de sus devaneos. A partir de ellos nos encontramos con una perspectiva realista, o identificada con una normalidad que encaja en nuestra percepción de espectadores entrenados. Es esta una normalidad marcadamente cinematográfica y anglosajona, y por ende emparentada con un cierto sentido de lo pragmático. Los personajes de Richard Ford no tienen mucho que ver con esos seres proustianos que carecen de oficio conocido y parecen vivir del aire; y que han poblado parte importante de las narrativas más celebradas, incluyendo algunas de las actuales (pienso, por ejemplo, en Kazuo Ishiguro, y sobre todo en Enrique Vila-Matas, un grande de nuestro idioma). La consciencia de las necesidades materiales, el egoísmo que derrota los reparos del sentimiento de culpabilidad, el sexo como factor irremediablemente efímero en las relaciones de las parejas, son temáticas usuales en las narrativas contemporáneas –en sus vertientes literarias o cinematográficas–, pero en el caso de Richard Ford se convierten además en elementos de una careta que encumbre las complicaciones de las decisiones morales. Es por esto que cuando el autor pretende que entendamos a Chéjov –la simpleza de unas tramas que encierran un sinnúmero de disyuntivas abriéndose paso y que constituyen el verdadero leitmotiv de sus relatos–, parece realmente buscar que captemos el sentido de su propia obra que, confesamente, recibe las influencias del cuentista ruso a través de Bábel, Hemingway y Cheever, pero sobre todo de Raymond Carver, con quien Ford compartió una amistad no exenta de pedagogía y que podría equipararse a la que mantuvieron Paul Theroux y V. S. Naipaul, aunque para su fortuna –y el alivio de quienquiera que haya experimentado las miserias del típico escritor de alma mezquina y ego hipertrofiado– la magnanimidad y la personalidad redimida del buen Carver siempre estuvieron por encima de su notable altura literaria. Dentro de los trabajos de Richard Ford, Flores en las grietas puede ser calificada como el complemento perfecto de Mi madre, otro texto que invita a concluir que la gran literatura también puede tener asidero en una conducta generosa camuflada en el devenir de una vida común y corriente. Por Octavio Vinces.


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