Aportes

4 poemas

Jose Miguel Herbozo


*
 
No sé qué voy a decir para empezar con esto,
ahora sé que hablo menos y que empiezo
a presentir un poco sobre lo que no me corta.
Pensaba existir un tiempo allende los papeles,
volver al mundo el miedo, no temer en la mañana
el ansia de entenderlo todo y de perderlo,
pero no sabes en qué consiste esto de arriesgarse,
de tramar una intuición mientras los mares
agitan la calma impropia que estremece
bajo el viento de setiembre entre los chopos.
No sé qué voy a decir después del vuelo
del mirlo que descansa bajo la pasionaria del sueño
y espera entre las líneas el retorno
del fuego de la mañana sobre la ciudad
para imitar un silencio que no domino,
este ruido en el hilo del teléfono, estas inclinaciones
apoyando sobre los abismos la irisada niebla
que rodea los puertos. No sé qué voy a decir
salvo que intento siempre aproximarme al norte
y cuando eso sucede ya no entiendo
por qué nunca apareces en la ciudad silente
lejana más que el sueño; una estación donde el norte
es todo eso que cambia: el sol cubre los muros,
una repetición que consuela y lo que une
esta persecución de líneas y silencio.
 
 
*
 
para Kenny
 
No se teme lo que existe tanto como el retorno
de lo que ha quedado marcado en la voz
o en los ojos, el grito de un lazo o una hoja
diciendo entre las líneas más cosas
de las que repetimos. No se teme al inicio
porque el primer principio muestra
que siempre se comienza, y siempre
es errático el signo de la voz que repetimos
después de una pregunta por el miedo.
¿Qué se teme? Lo temido arroja
un poco de quietud al inicio, luego un giro
sobre imágenes como filmes, secuencias
de un vacío en la luz de los ojos
mientras dura la espera. Lo temido es un huerto
donde hay vértigo pero también dominio,
donde hay pasión pero refrenamiento,
donde se vuelve siempre a pensar
en la sal de los planes, en la luz inicial
ahora que hay edificios en medio. Un temor
nunca lleva a la debilidad como las carreteras
más allá de imprevistos. Un siglo de silencio
en un segundo, el miedo sobreviene
y las paredes del lugar se mudan
hacia fauces, hacia cavernas sin fuga
y mucha sangre fluye. Los minutos duran,
la vuelta al fin engaña, y nuevamente
la sensación de que todo ha concluido
bajo las luces en calma.
 
*
 
La impresión de recordar un disco al perderme
en tu mirada sola. La impresión de no recordar
esos ojos, pero el recuerdo de oír el disco
girar como yo en ti, constantemente; un acto
de amor más allá de las cosas, un giro de la mente
en el que dura tu rastro para siempre, en donde solo
jugamos a que existes y a que nunca mueres,
jugamos a que no hay lugares ni efectos que temer
o abandonar el vacío que arrastra el ánimo
a donde no esperábamos. El sonido de un disco
que siempre llega al fin y es recuerdo de unos ojos
que en silencio —de más— nos arrebatan.
Y hacia el final del juego ya nada de sonidos ni miradas.
Tan solo lo nunca conocido, el sitio de un recuerdo
como camino imprevisto y como huella
del tiempo en el tiempo acumulada.
 
 
*
 
Nunca me había separado tanto de lo amado
más allá de las casas que recorres
cuando el sol se levanta y desenreda los sueños
de las vueltas del destino en que nunca reparamos
pero nos trajeron hasta aquí mientras el cielo
siempre distinto se vuelve:
el mundo suena a canciones que se repiten
y cada sensación se hace nueva o distinta
bajo las luces de una nueva mañana.
 
No sé muy bien qué es lo que hemos encontrado
pero cada vez que llamas a la puerta
siento que todo comienza
y necesito este desborde para entender
la soledad de tu imagen esperando en la estación,
tu nombre repetido cada instante,
mi lugar entre las vueltas del mundo
y todo es tan perfecto pero nadie sabe.
 
Ya no puedo desasirme de lo que te ha transformado
en la voz que no responde mientras haces planes,
aunque dices que vuelva cuando sea necesario
ahora estoy ardiendo bajo el sol a tu lado
y tu bajo una sombra hasta que todo cambie.
 
No sabes cuánto de mí se ha transformado:
no temo más el escenario
cuando salgo a las tablas y me entiendo
con toda la pasión que me estremece,
 
no sé que más decir salvo que haces
que salga todo el tiempo para hallarte
en las vueltas del sol, sobre las luces
del brillo entre los campos, las paredes
que callan en tu casa, ciudades transparentes
entre los dos que somos para el tiempo deshacer
más allá de todo lo que se deshace.
 

 


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