Ficción

¡A ver, un aplauso! – Primer acto (extracto)

Por César de María


¡A ver, un aplauso!

 

Tripaloca: Acérquense, señores: ¡el payaso Tripaloca viene a hacerles su espectáculo callejero popular! Así, tomen asiento en el suelo… No te pares detrás de la señorita, pendejo eres, ¿no? ¿Y tú? Cierra la boca, zonzonazo. ¿A quién miras? ¿A mi pata el Tartaloro? A ver, Tartaloro, ven. ¡Saluda al señor!
Tartaloro: Soy el Tar-Tarta-lo lo lo…
Tripaloca: ¡Gracias! Ya entendieron todos, ¿verdad? Es mi pata Tartaloro: Tarta, porque es tartamudo; y loro, porque habla como mierda. Pero eso es solo una chapa, porque tiene nombre y apellido. ¡De veras!
Tartaloro: Y mi apellido es…
Tripaloca: Su apellido es pa’ cagarse de risa… Perdón, señorita, la vulgaridad de este payaso callejero, pero es que las palabras bonitas no me salen. Soy como el Tartaloro. Cuando quiero decir «trasero», se me traba la lengua: (Imitando a Tartaloro) Ta-ta-ta-trase-se-se… Y entonces digo poto, pues, ¡qué quieren que haga! Les voy a decir los apellidos de mi pata el Tartaloro. Mendoza por parte de madre, y Huamán… ¡por todas partes! (Ríen ambos). Y para empezar mis chistes vo’a contarles mi vida. Sí, mi vida, que es alegre y entretenida, dedicada a la bebida pero sin que me dé el sida! (Tartaloro ríe. Tripaloca lo mira extrañado). Oye, ¿quieres que te dé el sida? Síguete riendo y te pongo tu inyección. Yo te ino-culo. Y ahí sí que te mueres. (Al público). No te rías, no te rías, hermanito, de la muerte no hay que reírse. La muerte te agarra donde sea. Tas con tu hembrita, caminando por la carretera, saliendo del cinco y medio pa’ agarrar micro, y ¡zas! te mata uno. Esa es la muerte, una traidora. Vas al baño de noche, tu bacinica hecha con lata de pintura, te sientas, agarras tu papelazo de El Popular y de pronto… Mmm… estás pujando… y has comido frejoles con cebiche con papa rellena con mote serrano y tu tremenda cerveza… y ¡zas, te mueres! ¡Sentado, cagando te mueres! Esa es la muerte. Y también se mueren los ricos, con su casota de lunas gigantes polarizadas, en Miraflores, comiendo su comida finísima en una mesa largazazazazaa… Y se tragan un pedazote de carne argentina, y ¡zas! ¡Se atoran y se mueren! ¡La muerte es así, la desgracia está al alcance de todos! Yo, que te voy a contar mi vida, justamente voy a comenzar por el final. O sea, por el momento en que me estoy muriendo. Tú estabas conmigo, ¿no, Tartaloro?
Tartaloro: Ya, tú sa-sa-sabes que…
Tripaloca: ¡Claro, claro! Ha querido decir que él estaba sentado, anotando lo que yo le dictaba porque me estaba muriendo, y se le ocurrió escribir un libro con mi vida, para venderlo en mis actuaciones.
Tartaloro: (Al público). Y él no sabe leer… ni escribir.
Tripaloca: ¡No me humilles, Tartaloro! ¿Qué tiene de malo ser ignorante? Todos nacemos ignorantes, ¿verdad? Pa’ eso estás tú, que me ayudas… Así era, señores, yo me estaba muriendo de TBC… ¡TBC! (A uno del público). No me mires así, no soy rosquete: ¿tú crees que te-be-sé, o sea que yo me chapo a los hombres? ¡Bestia! Hablo de la tuberculosis, el mal que se lleva más gente en este país. Me estaba muriendo tuberculoso, ¡con unos huecos en los pulmones que parecían hechos por pericotes, carajo! Bueno, yo me estaba muriendo, dictándole mi vida al Tarta, y de pronto sonó la puerta (Tartaloro «toca», pateando el piso tres veces). ¿Y quiénes eran, Tarta?
Tartaloro: No sé, no sé…
Tripaloca: ¡Pero si tú estabas ahí! Y él preguntó, tartamudeando: «¿Quién es?». ¿Y qué te respondieron, Tarta?
Tartaloro: (Canta una salsa). «Yo soy la muerte… yo soy la muerte… la muerte soy…».
Tripaloca: Era la muerte que venía pa’ llevarme.

Cambio al pasado. Tripaloca agoniza en su cuarto. Tartaloro escribe a su lado. Los muertos entran. Son dos actores con aspecto de locos callejeros: pelo pegajoso y en motas, andrajos, mal olor.

Muerto I: Somos la muerte, Tripaloca.
Muerto II: Venimos pa’ llevarte al otro lado. Apaga tu vela y tu corazón.
Tripaloca: ¿De veras? ¿Murió el payaso?
Muerto I: Así es.
Muerto II: Murió la flor. Ya te toca. Nos vamos.
Tripaloca: Qué pena, pero si no tengo ni treinta años.
Muerto II: Cualquier edad es buena pa’ morirse.
Tartaloro: No, no-no te de-dejes.
Tripaloca: Cómo no me voy a dejar, así es la vida, Tarta.
Tartaloro: ¡No te-te han noti-tificado!
Muerto I: Sí le hemos avisado.
Muerto II: Hemos hecho de todo.
Muerto I: (Lee en un papel sucio). La vez pasada estabas friendo un plátano, y dos lonjas cayeron en forma de cruz.
Muerto II: Primer aviso.
Muerto I: (Lee). La noche de tu cumpleaños, al acostarte, te dimos una palmada y susurramos tu nombre en la oreja derecha.
Muerto II: Segundo aviso.
Muerto I: Luego te mandamos emisarios. ¿Recuerdas al basurero?
Tripaloca: (Recuerda). Ah, sí…
Tartaloro: ¿Qué cosa?
Tripaloca: La semana pasada vi un basurero idéntico a mi primo el Cachalote, que se murió hace 15 años. Igualito.
(Pasa el fantasma del basurero).
Muerto II: ¿Te guiñó el ojo?
Tripaloca: Sí.

César de María (Lima, 1960), dramaturgo, es autor de Escorpiones mirando al cielo, Laberinto de monstruos, Dos para el camino, La historia del cobarde japonés, Superpopper, entre otras muchas obras. ¡A ver, un aplauso! se estrenará nuevamente el 14 de setiembre en el teatro del Museo de Arte de Lima (MALI), bajo la dirección de Roberto Ángeles.

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