Nada
Reseñas

Nada

Janne Teller (Copenhague, 1964) ■ Seix Barral (2011) ■ 160 páginas ■ 59 soles


Novela. A la danesa Janne Teller le encargaron un relato para adolescentes y terminó escribiendo un libro maldito. Nada se puede leer de un tirón en una sola noche. La mala noticia es que esa noche será una de las más inquietantes de tu vida. Los adolescentes comparan el efecto de Teller con el de un shock eléctrico. Los lectores más iniciados –y también los más desconfiados– suelen empezar a leerla con escepticismo. Porque no es difícil detectar que mucho de lo que ocurre es predecible y que hay incluso ciertos problemillas de verosimilitud. Pero casi siempre, y casi todos, admiten que el libro es condenadamente perturbador.
La trama es simple: en un pueblo de provincia, un muchacho abandona la escuela y decide pasar el resto de sus días encaramado en un árbol. Desde allí, en la comodidad de su alta guarida, se burla de su antigua clase profiriendo una especie de anti-rezo: «Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada». Sus compañeros se enojan con él y deciden demostrarle que sí existen cosas que valen. Deciden entregar, uno a uno, sus más preciados objetos personales para así acumular «un montón de significado».
Los creadores de videojuegos conocen bien el efecto-botín: la obtención de recompensas puntuales y visibles como premio a una acción determinada, provoca una sensación gratificante y eleva la expectativa para la próxima vez –así, el cerebro crea un patrón de estímulos felices que buscará repetir–. El juego de ofrendas de Nada provoca un efecto similar. Cada nuevo objeto añadido al «montón de significado» nos hace aumentar la expectativa por el siguiente. Considerando que este juego exponencial es medular en la trama, no sorprende que lectores de todo el mundo califiquen Nada de «adictiva».
Teller encierra a los adolescentes dentro de una circunstancia tan poderosa que los adultos desaparecen. Eso hará aflorar una crueldad químicamente pura, comparable a la de El señor de las moscas, de William Golding. Pero el mérito de la autora es conseguir ese efecto sin apelar a un naufragio en una isla desierta. Su tesis es más terrible: basta que el valor mental de la existencia entre en crisis para volvernos unos canallas.
Por Juan Manuel Robles.


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