Mientras huya el cuerpo
Reseñas

Mientras huya el cuerpo

Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) ■ Estruendomudo ■ 120 páginas ■ 25 soles


Novela. Ricardo Sumalavia incursiona con acierto en la idea de procedimiento como motor creativo. Antes que idear un relato con planteamiento, nudo y desenlace, ha creado un modo particular de producir ficciones que hace irrelevante el paso del tiempo. Se trata de un metapolicial: un relato policial comentado desde determinados capítulos por la voz del narrador que explica cómo se le ocurrió la idea del relato. Este trata del quehacer del detective privado Apolo, un licenciado de la PNP al final del fujimorismo, que arriesga su vida cuando revisa un crimen pasional.
La voz del narrador que explica anécdotas vinculadas a la invención del personaje y, eventualmente, alguna teoría sobre la novela policial es más compleja e interesante. Implica referir la relación lateral, pero no por eso menos desconcertante, que ha tenido el narrador con la violencia de Estado. Se acumulan las anécdotas sobre Apolinario, el marido de su suegra y retirado de la policía, un personaje enigmático y opaco, rodeado de los signos de la violencia y de la muerte con los que, según se nota, guarda una indiferencia doméstica. También accedemos a la crónica de la vida de la prostituta y actriz de circo francesa Casque d’Ore. En cada caso, Sumalavia añade la reflexión sobre cómo el deceso convierte a un hombre muerto en un objeto absurdo, ajeno a la sensibilidad de lo humano. La tortura de una mujer inocente, intercalada en el texto con el rótulo de «Sesión» y un número, resuena en este punto como cima de lo inhumano. Como resultado, la experiencia de violencia política, de principio distante, se manifiesta abrumadoramente sensible. Sumalavia delinea la tarea de su narrador: recuperar, a partir de los objetos de los muertos, la capacidad de contar historias que convoquen su memoria. También hace una afirmación harto discutible: la culpa de la violencia atañe a la comunidad entera que la tolera. Sin duda, levantará las iras de quienes distinguen entre culpa y responsabilidad. Muy recomendable.
Por Alexis Iparraguirre.


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