Thorndike & Trelles
No ficción

Thorndike & Trelles


Jennifer Thorndike (Lima, 1983) es autora de Ella; Diego Trelles (Lima, 1977) lo es de El círculo de los escritores asesinos, y de Bioy, Premio Francisco Casavella 2012, de inminente publicación.

Dos novelistas conversan:

Diego Trelles: ¿Qué estás leyendo?

Jennifer Thorndike: En breve cárcel, de Silvia Molloy. Me interesa leer a escritoras mujeres… no es que solo lea a escritoras, por si acaso. Cuando tengo tiempo, trato de leer varios libros. ¿Y tú?

DT: Yo también. Estoy leyendo una antología de perfiles de escritores que se llama Los malditos, que está muy bien, y Miss Tacuarembó, del uruguayo Dani Umpi. Cambio de tema: ¿cómo empezaste a escribir?

JT: Cuando tenía quince años, poesía. No volveré a hacerlo, soy muy mala. Luego empecé con los cuentos, un impulso adolescente que evolucionó. Hace cinco años decidí publicar mi primer libro.

DT: Otra: ¿tiene que ver en tu escritura el hecho de que tu tío haya sido Guillermo Thorndike? ¿El periodismo nunca te atrajo?

JT: No, lo he leído de mayor. Lo mío siempre fue la ficción, yo solo quería escribir eso. A ti sí te jaló.

DT: De hecho empecé en la revista Caleta. La compré, la leí y les mandé una carta diciendo «Quiero escribir de música», y me dijeron «Ya». Estudié periodismo, cine. Trabajé en El Comercio, Expreso. Pero siempre fui lector de ficción, y sabía que quería escribirla. Lo hice temprano, como a los 14, cuentos. En mi primer libro, que se llama Hudson, el redentor, combiné el formato más pequeño, la idea de resolver historias con golpes y cierta circularidad, con un aliento de novela. Eso, un libro de cuentos con formato de novela. La analogía es un CD y sus diferentes tracks. ¿Cómo trabajas?

JT: Mmm… escribo cuando tengo un proyecto. Tú que has hecho un doctorado sabes cómo es el ritmo de estudios… no deja tiempo. La novela la escribí antes de empezarlo. Escribía una hora y media, lo dejaba, volvía al día siguiente. Me hice un ritmo. Los cuentos los escribo de un tirón. Siempre escribo por periodos cortos, no soy de las que se pone a escribir cinco horas… ¿Y tú?

DT: Soy muy desordenado, más del lado de Onetti que del de Vargas Llosa. Para mí sería imposible levantarme a las ocho de la mañana y escribir hasta la una, como en oficina. Sería falso, no me saldría bien. En realidad escribo cada vez que puedo, que siento que hay algo que debo decir. Pero realmente creo que uno siempre está escribiendo, en la mente, cuando estás en el bus o caminando, siempre…

JT: Hasta durmiendo.

DT: De hecho algunos nudos de mis novelas los he resuelto caminando, dándome aire. Suelen ser complejas y tener muchas relaciones y sorpresas, y yo necesito escribirlas también en la cabeza.

JT: ¿Qué es más importante, la peripecia o lo que quieres decir?

DT: Reivindico el formato clásico de la trama. Para mí es importante, pero tampoco es que tenga todo resuelto. Creo que la misma historia, los personajes, van dictando la forma en que la trama se desenvuelve, así como sus conductas o sus formas de hablar. Todo se va armando solo, crea sus propias fórmulas, su propia dinámica de creación…

JT: Cuando escribí Ella era muy consciente de lo que quería transmitir, las imágenes que quería hacer. Pero no podría tener toda la novela en la cabeza antes de escribirla. Me quedaría sin impulsos, escribiría sin sangre. Me parece importante saber lo que quieres hacer, a dónde quieres llegar… pero no demasiado.

DT: Eso, hacia dónde quieres ir… todo se va adaptando, no solo por lo que estás escribiendo sino por lo que te influye sin notarlo, tu entorno, los detalles. Eso es muy importante para mí, la idea nabokoviana de que Dios está en los detalles. Creo que es algo que vuelve a interesarle a los autores. ¿Qué piensas de los de tu generación?

JT: Creo que se está empezando a formar el mapa con quienes van a ser las voces de los años venideros en Latinoamérica. Otra cosa que me parece interesante es que en el Perú, donde siempre hubo poetas, han aparecido las narradoras. Es decir, más. ¿Qué piensas?

DT: Que América Latina está haciendo mejores libros que España. Hay un nivel muy alto de narrativa: hice una antología con Daniel Alarcón y tuve que leer a escritores de varias nacionalidades. Y aquí… con las carencias culturales que tenemos, yo diría que estamos en el top five de la literatura en español. Hay gente haciendo cosas muy interesantes.

JT: ¿Por ejemplo?

DT: Me gusta mucho lo que hace Carlos Yushimito, tiene unos imaginarios muy ricos y diferenciados, con una prosa muy cuidada. También Jeremías Gamboa, quien creo que está escribiendo una novela muy larga, con ambición. Alexis Iparraguirre, más hacia lo fantástico: El inventario de las naves es una película de Cronenberg. Marco García Falcón… varios. ¿A ti?

JT: No iba a decir que me gusta Francisco, pero sí me gusta. (Nota: se refiere a Francisco Ángeles, su actual pareja).

DT: ¡Ya me olvidaba de Francisco!

JT: Me parece que tiene mucho más para dar. Concuerdo con lo de Yushimito. Para irme del lado de las mujeres, Alina Gadea, Katya Adaui también… Tengo una pregunta: ¿por qué estudiaste Comunicaciones y no Literatura?

DT: Por vago. Prefería la playa a estudiar. También porque quería escribir, y una facultad de Literatura no lo es de Escritura creativa, que aquí no existe. El cine siempre ha sido también muy importante, así que entré a Comunicaciones y mantuve una relación cercana con la literatura. Luego, con el doctorado, me ordené, no solo en tiempos de escritura, sino con las lecturas, la base teórica… ¿y tú? Eres publicista.

JT: ¡Porque no me dejaron estudiar Literatura! Pensé que me sentiría cómoda en la publicidad, pero cuando comencé el doctorado confirmé que es lo que siempre quise, Estudios Hispánicos, que abarca cine, literatura, manifestaciones culturales y políticas. Para mí fue necesario salir si quería vivir de esto. El doctorado me permite tener el dinero y algunos momentos para escribir.

DT: Salir te sirve para planear una carrera literaria coherente. Te da distancia, algo de dinero, tiempo y perspectiva. Yo quiero escribir, pero la academia me da los medios para poder hacer de mi carrera algo con lo que me sienta identificado.

JT: ¿El premio ayudará?

DT: Un premio te da cierta visibilidad, tranquilidad y también responsabilidad. Pero lo más importante es que tu libro sea publicado y promocionado. No creo que uno deba enfocar su carrera a los premios, escribir para ganarlos. Un premio es un medio para llegar a más lectores, que es a mí lo que me interesa. Porque… ¿para qué publicas? ¿Para quién?

JT: Esa es una pregunta difícil. Creo que cada libro encuentra su público, pequeño o grande. Uno debería escribir lo que quiere decir, ser y sonar sincero. No podría ponerme un tema y decir «Quiero escribir sobre esto».

DT: Mmm… sé lo que lo más importante es la novela, pero a mí sí me interesa que me lea todo el mundo. Creo que la lectura debe ser democrática, y que el autor y el lector deben mirarse a los ojos. Uno escribe y la novela ya deja de ser de uno. ¿Cuáles son tus próximos planes?

JT: Bregar con el doctorado, seguir escribiendo cosas sueltas, hacerme tiempo pronto para empezar otra novela… ¿Tú, luego de Bioy?

DT: Como me tomó cinco años, paralelamente escribí cuentos, así que ya tengo un libro de listo. Y voy a publicar también un ensayo sobre la novela policial en América Latina. También me he metido a un nuevo proyecto de novela. Una para cerrar: ¿cuáles son los autores que más te han marcado?

JT: Diamela Eltit, Luisa Valenzuela, José Donoso, Kenzaburo Oe, Cormac McCarthy… ¿A ti?

DT: Sí, Cormac… y Ribeyro, Vargas Llosa al inicio, de ahí Onetti, Faulkner, Bolaño y Roth.