Sam no es mi tio
Reseñas

Sam no es mi tío

Veinticuatro crónicas migrantes y un sueño americano

Diego Fonseca y Aileen El-Kadi, editores ■ Alfaguara (2012)  ■ 320 páginas ■ 59 soles


Crónica. ¿Qué nos hace latinoamericanos?, parece preguntarse este libro, editado por un argentino y una brasileña. ¿Qué une a estos 21 países fuera de un puñado de idiomas con más o menos hablantes? La repuesta, que viene ya despejada desde el título, es la existencia de Estados Unidos. Porque, para resumir, latinoamericanos somos el 92% de los americanos no nacidos en ese país que sin exagerar demasiado se llama a sí mismo America. Estados Unidos como una presencia inevitable en la vida de cualquier latinoamericano, a uno y otro lado de la frontera. (Cuando en Latinoamérica hablamos de la frontera no es otra que la estadounidense). Por tierra, mar o aire. Estados Unidos como el padre postizo, el tío lejano, el cuñado pesado, el abuelo querendón o el hermano extraviado (y aquí pensemos en otro libro imprescindible sobre la relación Latinoamérica-America, Missing, del chileno Alberto Fuguet), en esa improbable pero no por ello menos real gran familia latinoamericana. Nos guste o no, Estados Unidos está ahí, haciéndonos latinoamericanos, porque siendo americanos no tuvimos la suerte o la desdicha –el lector decidirá– de nacer americanos.
«El periodismo es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente», escribió el italiano Eugenio Scalfari. Si bien hay mucho de periodismo en estas páginas, más que de crónica lo preciso sería hablar de testimonios. La mayoría de los 24 escritores aquí reunidos dan cuenta de la relación personal que mantienen con el gigante del norte. Ese país que produce buena parte de la música, el cine, la literatura y la televisión que consumimos y, por ende, habita los sueños y pesadillas de todo un continente que, en la cabeza de muchos, sigue haciendo las veces de «patio trasero».
Como bien recuerda Idelber Avelar en la introducción del volumen, la relación de la crónica latinoamericana con el país que inventó el periodismo moderno viene de largo. Ahí están los nombres de Manuel Gutiérrez Nájera, Rubén Darío o José Martí, que ejercitaron «una mirada estrábica, a partir de la cual Estados Unidos se convirtió en la imagen de una modernización deseada y rechazada, tomada a la vez como un modelo y una amenaza».
Deseo y rechazo. Modelo y amenaza. Hoy, más de un siglo después de que Martí hablara del «tigre de afuera», esos binomios siguen rigiendo nuestras relaciones con Estados Unidos, como puede verse con nitidez en las historias de Sam no es mi tío. En las historias de aquellos que se lanzaron a la conquista de América y se encontraron con un país desconocido: el colombiano Joaquín Botero, que pasó de ser reportero a escribir en el tiempo libre que le dejaba su trabajo como cortador en la quesería más famosa de Manhattan; la chilena Andrea Jeftanovic, que aterrizó en Berkeley en busca del espíritu beatnik y se encontró con la California del boom dotcom; El ciempiés de la crónica de Ilan Stavans, que consiguió sortear todas las barreras que se erigen ante un indocumentado hasta graduarse suma cum laude en Harvard solo porque podía. O en las de aquellos que, como Santiago Roncagliolo y Camilo Jiménez en sus relatos autobiográficos, ven frustrados sus deseos de poner pie en America. Deseo y rechazo. Modelo y amenaza
Por Diego Salazar


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