Espléndida iracundia

Reseñas

Espléndida iracundia – Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008.

Universidad de Lima ■ 626 páginas ■ 90 soles


Poesía. El espléndido E. A. Westphalen le sirve a los antologadores (Luis Fernando Chueca, Carlos López Degregori, José Güich y Alejandro Susti) para metaforizar los cambios en las preferencias del canon que muestra esta antología consultada de la poesía peruana de los últimos 40 años. La propuesta, iniciada en 2009, generó diversas reacciones entre los consultados, quienes debían elegir 20 poetas de entre casi 300. Aunque muchos respondimos a la encuesta (125/137), otros decidieron no hacerlo por desconocer el panorama o por considerar que hacer una lista de los «más populares y/o mejores» no se condecía con el lugar ganado por muchos de ellos hace ya buen tiempo. Jorge Pimentel y Tulio Mora decidieron autoexcluirse a pesar de haber aparecido positivamente en los resultados de la consulta. Particularmente resiento el caso de Pimentel, cuyos poemas harían mucho más elocuente la tensión que se libra entre las diferentes poéticas puestas a prueba en la antología.
Para el público en general interesado en poesía contemporánea, la antología representa una buena lista de nombres (43), textos y propuestas actuales, mientras que, para un público más especializado, resulta fascinante observar de qué manera han cambiado los referentes y las preferencias de poéticas que en su momento se consideraron insulares (como el neobarroco o el neoexpresionismo), además de auscultar los nuevos espacios de producción y los contextos en que estas se van consolidando. El prólogo, sólido y bien argumentado, evidencia el trabajo de investigación y la seriedad con que sus autores han planteado la propuesta. Obvio que cualquier antología será arbitraria. Descreo de los purismos. Todo es poesía/ideología/vida.
Finalmente, lo que revela esta publicación es que las diferentes tensiones que se libran en la literatura todavía se encuentran alrededor de ese objeto de deseo llamado «poesía peruana», cuyo capital simbólico sigue siendo más poderoso que el de la narrativa –más inclinada al capital económico–, a pesar de la abundancia de esta última en cuanto a autores y nuevas publicaciones. Muy recomendable.
Por Victoria Guerrero.


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