Piérdase todo, sálvese la honra
La oveja perdida

La oveja perdida

Chocano, el asesino modernista

Por Leonardo Aguirre


A fines del año pasado, el madrileño José Ovejero publicó una volumen de trescientas páginas cuyo título no esconde mayores misterios: escritores delincuentes (y si acaso no bastara, la imagen de cubierta redunda). Ovejero escarbó en los prontuarios de poetas y narradores «claramente culpables, o, si este término resulta demasiado moralizante, responsables de un delito»: Villon, Burroughs, Genet, Malory, Himes y un largo etcétera; etcétera que, por cierto, se duplica en el apéndice. Lo curioso del asunto es que no asoma por allí ningún peruano. Ni un solo compatriota en el redil del Ovejero. Sin mencionar a otros especímenes autóctonos –matricidas, plagiarios, estafadores, ladrones de bancos– diré que me sorprende mucho que no figure, cuando menos, José Santos Chocano, ungido en 1922 como «Poeta nacional»1, y solo tres años después, condenado como reo común por asesinato. La historia es harto conocida: unas cuartillas del joven Edwin Elmore abundaban en la proverbial debilidad de Chocano por los gobiernos autoritarios, y la noche de brujas de 1925, este respondió con el argumento inapelable de su Smith & Wesson. La nota, sin embargo, jamás vio la luz: Elmore «pretendió hacer publicar en un diario local un artículo groseramente injurioso», pero los redactores del periódico impidieron que «saliera de galeras». De cualquier modo, esto «no fue óbice para que el interesado se enterara de su contenido, produciéndole la lectura la sobreexcitación consiguiente»2. Leído el inédito, Chocano pide, por teléfono, que le comuniquen «con el hijo del traidor de Arica». «Eso me lo tiene usted que repetir en persona si es hombre», replica el otro3. Y colgando la bocina, Elmore garrapatea una carta que, de inmediato, dejará en las oficinas de El Comercio. Ese día, coincidentemente, también el «Poeta nacional» visita la redacción de los Miró Quesada. El hermano del articulista recordaría que a las cuatro de la tarde, una hora antes del crimen, Chocano «envió por correo expreso (…) una monstruosa carta» que «fue recibida por la esposa de Edwin» justo a las cinco4. Mientras la inminente viuda rasga el sobre, víctima y verdugo cruzan juntos la puerta del diario: «Mi hermano al verle lo agredió a puñadas», pero Chocano, pese a «su notoria corpulencia», no devuelve las bofetadas sino que extrae «un enorme revólver» del «terno de jaquet (…): cuando ya Edwin se había retirado a tres metros (…) con las manos en alto, (…) el criminal (…) apuntó y disparó»5. Elmore agonizará dos días en el Hospital Italiano. El pistolero, «simulando un ataque al hígado, es llevado al Hospital Militar San Bartolomé»: allí le ofrecen «un cuarto con balcón a la calle» para ver las «manifestaciones de sus adláteres, que eran muchos»6. Cuenta Jiménez de Asúa que «desde su celda privilegiada, continúa manejando la injuria, y funda, para propalarla, un libelo indecoroso»7. Señala César Hildebrandt que, aun en prisión, el «calumniador póstumo (…) publicó un panfleto llamado La Hoguera para seguir insultando a quien ya había matado (…) a sangre fría»8.
Nueve años más tarde, un desconocido coserá a Chocano a navajazos en un tranvía de Santiago. Como relata Luis Alberto Sánchez, «el 13 de diciembre de 1934»9,cierto «individuo (…) de ojos febriles (…), abriéndose paso entre los pasajeros apiñados (…), saca una filuda cuchilla Solingen (…), y movido por repentino frenesí, (…) la hunde dos veces en el pecho del poeta (…) y repite las puñaladas por la espalda»: Chocano «se desploma vertiendo un torrente de sangre por sus cuatro heridas»10.

1 «En Santiago, acabaría […] empeñando la corona por diez mil pesos chilenos a fin de atender las necesidades de su hogar». (Jorge Ordaz: Jorgeordaz.blogspot.com/2010/05/poetas-coronados.html).
2 La Prensa, 1 de noviembre de 1925.
3 El insulto recogía «la leyenda negra que durante años señaló […] al padre de Elmore […] como el responsable de que las minas […] para la defensa del morro no surtieran efecto» (Jorge Moreno: Blogs.elcomercio.pe/lahistoriadetrasdelahistoria/2009/07/perdedores-de-la-historia-peru.html).
4 Un párrafo de «la monstruosa»: «si salía publicado su articulejo de mayordomo […], le hubiese yo, sin el menor reparo, destapado los sesos con la misma tranquilidad con que se aplasta a una cucaracha metamorfoseada en alacrán». (El Sol, Madrid, 2 de enero de 1926).
5 Texto de Teodoro Elmore incluido en POETAS Y BUFONES, compilación de José María Rodríguez (Agencia Mundial de Librería, Madrid, 1926).
6 Caretas: 21 de mayo de 1998.
7 CRÓNICA DEL CRIMEN: Editora Inter-americana, Buenos Aires, 1943.
8 La Primera: 25 de enero de 2008.
9 LAS también indica que nació «el 14 de mayo de 1875». El epitafio contradice ambas fechas: «15-5-1875 y 3-12-1934».
10 Acota Sánchez: «el asesino […] será declarado demente, y le recluirán en el Manicomio de Santiago» (prólogo a JOSÉ SANTOS CHOCANO: OBRAS ESCOGIDAS, OXY, Lima, 1988). El orate «aseguró haberle atacado porque el escritor poseía un mapa […] de los cientos de pasadizos subterráneos» que atraviesan «el subsuelo de la capital chilena», y sabía «la ubicación de los tesoros perdidos de la Orden de Jesús.» (Revistalavitrina.cl/html/noticias/noticias.php?id=276).
Leonardo Aguirre (Lima, 1975) es escritor, editor, periodista y crítico literario. Su última novela se llama Karaoke.