Segunda temporada ■ Número 19 ■ Verano del 2020

Todo es demasiado

Cristhian Briceño (Lima, 1986) Emecé (2019) ■ 168 páginas ■ 49 soles


Cuentos. No creo que sea cosa fácil, para un lector acostumbrado al hegemónico y clásico realismo peruano —con todos sus lugares comunes y vicios narrativos, con todas sus limitaciones, falencias y aciertos—, acercarse a los relatos que componen Todo es demasiado de Cristhian Briceño. En principio, porque cada uno de estos textos rompe con la noción clásica del «Cuento Peruano» (amplificando así las posibilidades de un género sin mucha evolución temática en nuestra literatura) y, luego, porque el concepto de «cuento redondo», esa ficción que busca como uno de sus elementos un final esclarecedor, cómico o sorprendente, queda anulado para exponer otro tipo de esquema narrativo que nos recuerda algunos de los extrañísimos y alegóricos cuentos de Franz Kafka o Hebe Uhart.

Con Todo es demasiado, Cristhian Briceño despliega un mecanismo ficcional que horada la realidad inventada de sus narraciones con una violencia y crueldad aterradora. El encapsulamiento de ese terror a través del absurdo o, por ratos, de lo onírico, es lo que configura la urdimbre de los cuentos, convirtiendo así su conjunto en una metáfora de las fisuras secretas y pavorosas que tiene el ser humano.

Desde el primer relato el universo del libro será organizado a partir de la serenidad e impavidez de la voz narrativa que controla la ficción, diferenciando al autor de sus entregas anteriores en donde el lenguaje alcanzaba lirismo, tensión y potencia narrativa, y también otogándole al texto otra capa de lectura y significado.

Ciertamente, cada relato cierra de manera súbita y violenta, pasmando al lector y dejándolo como en el vacío. Sin embargo, esta brusquedad no es gratuita ni una falta de oficio, pues, desde el principio, Briceño va dejando una semilla de incertidumbre y ansiedad que, con el avance de la trama, acaba por brotar en sensaciones de incomodidad y turbación.

¿Vale la pena acercarse a esta nueva entrega de Briceño? Por supuesto. Sobre todo para conocer los mecanismos de la narrativa peruana última (pero última de verdad), a la que sin duda otorga otra puerta de acceso a través de su ficción. Muy bien por él.

Por J. J. Maldonado


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