Segunda temporada ■ Número 19 ■ Verano del 2020

LA CULPA SIEMPRE CAE DOMINGO

Sábado, domingo ■ Ray Loriga (Madrid, 1967) Alfaguara (2019) ■ 224 páginas 69 soles

Por Carlos M. Sotomayor


Novela. Ray Loriga maneja la primera persona como muy pocos. Basta una rápida mirada a sus libros iniciales para notar aquella destreza. Una destreza que está ligada, en gran medida, a la construcción de un tono narrativo particular. Encontrar esa voz narrativa pareciera ser una de sus prioridades como parte de su proceso creativo. Una prueba más: Sábado, domingo, su más reciente entrega novelística.

Otra virtud de Loriga es idear una estructura funcional a la historia que plantea contarnos en cada libro. En el caso de Sábado, domingo, la narración está dividida en dos partes (más una suerte de epílogo). De esta forma, el autor hace énfasis en dos momentos temporales diferentes que sumados le dan sentido a la historia. Por un lado, lo sucedido un sábado del verano de 1988, y, por otro, las ocurrencias de un domingo del otoño del 2013. Ambos momentos acaecidos en Madrid.

La historia está contada por Federico, el protagonista. En la primera parte, es muy joven, casi un adolescente que narra, desde esa perspectiva, con un tono propio de esa edad, sus peripecias con Chino, otro muchacho con el que suele parar por aquellos tiempos. Un tono fresco que recuerda por momentos al tono de su primera novela Lo peor de todo. Aquí aparece un personaje que resultará crucial, como una presencia casi fantasmal, en toda la novela. Se trata de Fernanda, una camarera sudamericana que conocen en un bar y que invitarán para una fiesta privada en la lujosa casa de Chino. Aquello sucederá un sábado, y ese momento quedará marcado en la psique de Federico y lo acompañará por siempre.

Así se desplegará la trama de la segunda parte, con un Federico con 25 años más a cuestas, divorciado, con una hija de 16, y una retahíla de trabajos y oficios en los cuales no ha logrado ni destacar ni sentirse a gusto. Acongojado por el temor y, sobre todo, por una indescifrable sensación de culpa, no podrá quitarse de la cabeza aquella noche del verano de 1988, aunque sus recuerdos estén conformados apenas por retazos de memoria (aquella vez sufrió un desmayo, propio de una enfermedad crónica que padece).

Loriga maneja a cabalidad la tensión narrativa, a través del recurso de la memoria entrelazada con la narración en presente. El autor va dosificando, de manera natural y eficiente, la información que el propio lector irá armando en su cabeza. Emergen, entonces, los grandes temas de la novela. Por un lado, la culpa, fantasma que atormenta al protagonista. Y, por otro lado, como consecuencia del primero, un halo de fracaso constante que acompaña al protagonista. Podríamos añadir, claro, el amor, o la idea del amor que se desliza en la mente de Federico, respecto a su prima Gini, convertida finalmente en una escritora de prestigio y éxito.

Si como dicen algunos, el mejor Loriga, el de sus primeras novelas, volvió con Rendición, la novela que la granjeó el Premio Alfaguara, añadiría por mi parte que Sábado, domingo es la muestra de que el autor de Héroes, de Caídos del cielo y otros tantos buenos libros, está muy lejos de irse■


Las dos muertes de Ray Loriga (Daniel Jiménez)

Tres ataúdes blancos (Antonio Ungar)

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