Segunda temporada ■ Número 18 ■ Primavera del 2019

Jamás en la vida

Fernando Ampuero (Lima, 1949)
Planeta (2019) ■ 104 páginas ■ 45 soles


Cuentos. En su libro Clases de literatura, Julio Cortázar compara el cuento con la noción de la esfera: le parece «la forma geométrica más perfecta en el sentido de que está totalmente cerrada en sí misma» pues todos los puntos de su superficie son infinitos y equidistantes del invisible punto central; y agrega: «esa maravilla de perfección que es la esfera como figura geométrica es una imagen que me viene también cuando pienso en un cuento que me parece perfectamente logrado».

En la nueva colección de relatos de Ampuero encontramos dicha figura geométrica, porque cada uno de los ingredientes de la prosa del autor convergen hacia ese punto central invisible: el urbanismo limeño, la savia femenina, los conflictos amorosos, los pasatiempos occidentales, temas realistas, psicológicos, los tiempos de vida. Aunque la mayoría guarde un «orden cerrado», hay un silencio, un final que abre otros, nuevos espacios pero con el mismo orden.

Ampuero no cae en la densidad de las digresiones, en estudios de sus propios personajes o demonios; por el contrario: los expone tal cual, sin atavismos ni maquillajes, con la elasticidad propia del género. Así podemos encontrar en relatos como «Eclipse sin fin», «Una entusiasta», «Jamás en la vida» la difícil comprensión de la vida conyugal, la incomunicación que algunas veces expone el peligro, nos lleva al abismo, y las contingencias emocionales. Pero también en relatos como «La rabia intacta», «Un joven marciano», «Noche de carnaval», tenemos observaciones, hechos que persisten en la memoria como anécdotas, recursos orales, que el narrador encuentra preciso contar sin escamoteos, pero sí con lenguaje lúdico. El oficio literario y periodístico es otra vertiente en los relatos —«Poeta y contrabandista», «Manicomio»—, que transitan por el camino de su novela corta Lobos solitarios. «Lo difícil de narrar un cuento es decidir cómo empieza», nos dice el narrador mientras va pensando y ensaya una serie de «intentos» por contarnos una historia.

Como bien diría Cortázar: no aceptamos que «nos hagan el cuento», aceptamos que nos den buenos cuentos. Por René Llatas Trejo.


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