Segunda temporada ■ Número 18 ■ Primavera del 2019

INFLUENCIA Y PERSISTENCIA

Bajo la red ■ Iris Murdoch (Dublín, 1919 – Oxfordshire, 1999)
Impedimenta (2018) ■ 349 páginas ■ 99 soles

Por Gabriel Ruiz Ortega

Foto: Penguin Random House

Novela. Cuesta entender la poca atención que suscita la obra de la irlandesa Iris Murdoch en el imaginario de los lectores peruanos. Al decir esto no pienso en sus piezas maestras, como El mar, el mar, sino en la dimensión geográfica de su mundo interior, que deberíamos apreciar. Reconocer las luces de la densidad lírica de su lenguaje es una pérdida de tiempo. Por eso no se la admira, se la celebra por la experiencia extraliteraria que depara su poética.

Este año se cumple el centenario de quien fue considerada la «mujer más brillante de Gran Bretaña». Los eventos que vienen realizándose en el mundo entero sobre su vida y poética son justos y necesarios. Murdoch fue una autora coherente en su obra, no existe en ella divorcio temático, por el contrario, su propuesta de ficción podría ser vista como una cadena dialogante con los pilares emocionales que la impulsaban a escribir: la moral reprimida y el deseo en permanente enfrentamiento.

Murdoch no sería Murdoch por el solo hecho de contar buenas historias. Su febril método de escritura estaba pautado por el discurso reflexivo con el que dinamitaba a gusto los cuarteles morales de sus personajes. En ella había una intención por ingresar a las zonas no dichas de la condición humana, y en ese cometido no dudó usar su reconocido dominio de la filosofía occidental.

Si hoy vemos una explosión planetaria de narradoras, es justo señalar que son hijas directas e indirectas de Murdoch. Lo que a la fecha leemos en narrativa escrita por mujeres, Murdoch ya lo hacía con resonancia 50 años antes. Desde la aparición en 1959 de Bajo la red firmó su condición de escritora referencial, los saludos críticos fueron contundentes. Murdoch tenía 35 años y en esta primera novela nos presenta la narración en primera persona de Jake Donague, un joven escritor y traductor, a quien su novia, Magdalen, echa del departamento que compartían porque se casará con un corredor de apuestas. Donaguen se ve obligado a buscar una nueva casa y a replantear su vida. La autora posiciona en la voz de su conmocionado protagonista dos caminos discursivos. El primero, volver a reconocer Londres y sus círculos artísticos; y el segundo, la reflexión introspectiva que cuestiona a Donaguen como hombre vinculado al quehacer creativo e intelectual. Para él, vivir es importante, pero también lo es escribir. En este cruce de posturas, Murdoch exhibe la riqueza de un arsenal filosófico (atención a la delicia de diálogos) que, en lugar de pontificar, ironiza. La autora lo sabía: si quería transmitir mediante Jake, había que exponer sus miserias, sea en sus propios complejos y los que muestra en la interacción con los otros personajes, como su amigo Finn. Bajo la red es un fresco humano que, como tal, no es perfecto, pero no tiene que serlo para ser perdurable■


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