Segunda temporada ■ Número 18 ■ Primavera del 2019

HISTORIA DE UNA VOCACIÓN

Opus Gelber. Retrato de un pianista ■ Leila Guerriero (Junín, Argentina, 1967) ■ Anagrama (2019) ■ 336 páginas ■ 79 soles

Por Jaime Cabrera Junco

Foto: Difusión

Perfil. El periodismo nos regala, algunas veces, sinfonías de perdurable belleza, liberándonos así de la chatura de la nota fugaz que se diluye en las redes sociales. Alguien que se ha encargado de amalgamar crónica y literatura con notable maestría es la periodista argentina Leila Guerriero. Entonces, no es un asunto del instrumento sino de saber ejecutarlo. Cuando al rigor del periodismo se le adiciona un lenguaje con valor estético, estamos ante una pieza de exquisita fineza. Prueba de ello es Opus Gelber. Retrato de un pianista, la más reciente entrega de esta brillante cronista.

El lector podría preguntarse ¿por qué el perfil de un excéntrico músico amerita un libro? ¿Por qué no un reportaje de 20 páginas a lo mucho? Estas interrogantes se resuelven a través de aquella máxima del músico brasileño Caetano Veloso y que el cronista peruano Julio Villanueva Chang ha hecho suya: porque visto de cerca, nadie es normal. Y el pianista argentino Bruno Gelber (Buenos Aires, 1941), observado desde cierta distancia —con su look y voz de señora—, parece un artista excéntrico más; sin embargo, al ponerle la lupa encontramos una persona con una filosofía de la vida simple y coherente al tiempo. Este libro es el retrato de Gelber, pero sobre todo es la historia de una vocación.

«La música no es cuestión de inspiración o de genes, sino de concentración, disciplina y entrega», afirma este eminente músico en una de las numerosas conversaciones que sostuvo con Guerriero, quien rompe su política de no aparecer en el relato para convertirse en personaje. Su presencia en el texto cumple el rol de evidenciar la personalidad de Gelber y —lo más importante quizá— para hacerle pronunciar frases maravillosas. La cronista se convierte en una partera de sentencias deliciosas, que anotadas y llevadas a un libro se emparentan con los puntiagudos aforismos de Oscar Wilde.

Este no es un relato lineal, pues vamos conociendo, de la mano de Guerriero, algunos aspectos peculiares del artista mediante saltos temporales. Además, somos testigos de cómo la barrera entre ambos se disuelve mediante una relación de confianza. Lo interesante es cómo la periodista hace que los temas morbosos —como su presunta homosexualidad y su discapacidad motora— aparezcan de manera natural. A veces se tiene la sensación de estar releyendo las mismas páginas, pero sucede que Gelber es un tipo que a través de la reiteración refuerza sus rasgos. Uno de ellos, por ejemplo, es el hecho de evadir cualquier conversación sobre música. Prefiere hablar de temas mundanos con su interlocutora y es él quien por momentos la interpela, la seduce y la pone a su merced. Aunque parezca poco trascendente dedicarle tantas páginas a un solo personaje, créanme que estamos más bien ante un libro de filosofía encubierto con frases y manías de un artista envuelto con sabiduría y encanto que desafían lo evidente. Hay sujetos particulares que profieren verdades universales. Gelber es uno de ellos y este libro así nos lo hace ver■


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