Segunda temporada ■ Número 18 ■ Primavera del 2019

El nadador en el mar secreto

William Kotzwinkle (Scranton, 1943)

Navona ■ 120 páginas ■ 39 soles


Novela. «La vida cambia rápidamente. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conoces termina», escribió Joan Didion en El año del pensamiento mágico. Para William Kotzwinkle no hay pensamiento mágico, ninguna voz susurrándole que esto también pasará o que este dolor algún día le será útil. El nadador en el mar secreto comienza en el instante mismo en que Laski y Diana están perdiendo a su primer hijo. Un salto cuesta abajo en presente continuo, como desde un trineo, hacia una avalancha de euforia y catástrofe.

En un paisaje de nieve, en su cabaña construida amorosamente, habían esperado el nacimiento. Hospital, carretera, desconsuelo. Del armado de la cuna a martillar con las propias manos el cajón fúnebre, hacerse cargo del pequeño cuerpo querido que ha visto y vivido tan poco, el trauma paraliza y continuar en la vida es lo contrario a una parálisis. El despliegue de una lucha dentro de un corazón que pierde: la narración en tercera persona, en realidad, una falsa primera o una tercera muy pegada. Toda distancia es imposible: este horror le ha ocurrido a su esposa y al propio Kotzwinkle, quien ha escrito el libro llorando de principio a fin.

¿Cómo se narran misterios que se entrecruzan y doblegan, la vida y la muerte y todas sus ambivalencias, desde una paternidad que es y ya no? Piedad Bonett, autora de Lo que no tiene nombre, —enfrentada al suicidio de su hijo— dice que la literatura de duelo exige brevedad. Escribir es revivir. Y si el dolor está tamizado, no se adentra, no bucea, hay más cálculo que libro. Ni cien páginas. El nadador es de una condensación y sobriedad tan despojada y luminosa que refunda ese sistema íntimo de creación pese a la muerte, la literatura de los padres que despiden a los hijos.

Tras ganar el National Magazine Award for Fiction de 1975, el libro fue olvidado. Ian McEwan lo recuperó alabándolo en su novela de espías Operación Dulce, del 2012. 45 años después de su publicación, vuelve a ocupar un lugar en la memoria y es traducido al español. Por Katya Adaui.


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