Segunda temporada ■ Número 18 ■ Primavera del 2019

EL CASO FONSECA

Cuentos completos I, II y III ■ Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) Tusquets (2018, 2019, 2019) ■ 580, 512 y 552 páginas ■ 69, 79 y 79 soles

Por Dante Ayllón


Cuentos. El descubrimiento de Rubem Fonseca es, para cualquier lector entusiasta, un hallazgo genial. Escritor de culto, apartado de apariciones mediáticas, comenzó a publicar en los 60 y sigue haciéndolo. Cuentista infatigable y también novelista —aunque muchos nos quedemos con sus cuentos— que no huye de las temáticas sociales o políticas. Ha sido celebrado por la crítica (con los premios Camões y Juan Rulfo, entre otros) a la vez que censurado por la ley en alguna oportunidad.

Queda corto el calificativo de «escritor policiaco», lo de Fonseca va más allá, hacia la exploración total de lo humano. Su obra no teme a ningún aspecto de nuestra realidad, por trillado o sórdido. Si bien su libertad descarnada puede espantar a muchos defensores de lo políticamente correcto, su provocación nunca es gratuita: sirve siempre a sus indagaciones. Fonseca es un narrador contundente por exceso de lucidez, que se balancea sobre la dualidad frágil y destructiva que habita en nosotros. Ardiente y visceral a la vez que frío o exquisito, según sea el caso, es capaz de abordar todo asunto con una finura y naturalidad envidiables: lo rutinario o lo tabú de la sexualidad, la fascinación por el universo femenino, el feroz individualismo de la gran urbe, el mundo criminal, los vicios cotidianos o el mismísimo quehacer literario.

Su prosa, carismática y ágil, ejerce una seducción magnética desde la primera página. A la vez rítmica y vertiginosa, reflexiva desde lo filosófico o lo psicológico sin perder la intensidad, poética incluso sin dejar de ser precisa e irónica. Tiene lugar también para la frase lapidaria: sabiduría que parte de la erudición, pero que nunca se desvincula de la experiencia vital. Su escritura, potente y subversiva, lo vuelve, a sus años, más fresco y vivaz que muchos escritores jóvenes actuales.

Adentrarse en sus páginas es arriesgarse a empatizar con sus personajes: criaturas amorales, poseedoras muchas veces de una ética particularmente oscura o retorcida. Seres precipitados a ceder antes sus pulsiones más básicas; capaces de lo impensable, movidos por la soledad, el resentimiento, el amor, la mezquindad o el placer. Hombres y mujeres que, quizá por su inconfesable naturaleza, imperfecta y contradictoria, o por la ciudad febril en la habitan, donde se trenzan el lujo y la miseria, son arrojados irremediablemente hacia el hocico de la violencia, la corrupción o la lujuria.

Este año, Tusquets terminó de publicar sus relatos completos —hasta la fecha— en tres tomos que abarcan 50 años de producción. Así podemos apreciar su obra, panorámicamente, liberándose de cierto lastre literario para, dinamizada por las técnicas del guion cinematográfico o la franqueza de la oralidad, volverse una voz precisa y cruda: filuda o explosiva como un arma homicida. Contemplamos así su palpitante y peculiar estilo en mutación, como la efervescente vida urbana que retrata en sus relatos: ese caos en equilibro que, al igual que aquella oscuridad a la que miramos con el temor de vernos reflejados, nos devuelve la mirada. Imperdible■


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