Segunda temporada ■ Número 19 ■ Verano del 2020

CASTAÑEDA Y LAS MAREAS

El imperio de las mareas ■ Luis Hernán Castañeda (Lima, 1982) Alfaguara (2019) ■ 39 páginas

Por Fernando Ampuero


Novela. El imperio de las mareas, la estupenda novela de Luis Hernán Castañeda, se inscribe en el universo fantástico de la distopía. ¿Y dónde queda tal universo? Aquí nomás, en Lima; el autor nos traslada a una ruinosa capital futura que luce más húmeda que la actual a causa de espeluznantes inundaciones marítimas. Las pesadillas del cambio climático se han hecho realidad. Nuestra ciudad es fangosa, calurosa, en parte submarina, y sus habitantes se refugian en los cerros más altos.

La narración acata la regla aristotélica: unidad de lugar, tiempo y acción. El lugar, en efecto, es uno de esos cerros, que sobrevivientes y turistas —¡nunca se extinguen los turistas!— llaman El Peñón. Funciona ahí un spa, Le bain du rocher (El baño de rocas), negocio regentado por un muchacho y su familia. El local cuenta con cafetería y salones donde se ofrecen terapias por aguas curativas y un bonus track de servicios sexuales. Allí, además, se yergue la misteriosa casa familiar de la Duquesa del Peñón.

El muchacho, hijo de la Duquesa, es el narrador; o más precisamente: narrador y también nadador, ¡eximio nadador!, ya que posee una peculiaridad: dos acordeones de branquias alrededor del cuello. Para decirlo de una vez, estamos ante un mutante con capacidad para bucear media hora sin balón de oxígeno y que se hace llamar Sakana (su nombre verdadero es Gregor). El vocablo Sakana, de origen japonés, significa pez. ¿Por qué un nombre japonés? Porque el muchacho, que es un nativo peruano, admira la cultura nipona e incluso estudia su idioma. Y en tanto ser anfibio, por si fuera poco, nos revela otros poderes: disfruta de una potencia sexual más plena que la de un humano común y corriente; por ejemplo, tiene dos penes, los cuales se entusiasman con erecciones diferentes; si uno requiere reposo, el pene suplente entra en acción. Esto es muy útil para alguien que a menudo practica el sexo que le demanda el spa, pero por suerte para él es un tipo de hombre-pez que no pica fácilmente el anzuelo sentimental. De ello se enterarán los lectores cuando aparezca Mayu, una linda chica que ejerce el periodismo de investigación y que interroga a Sakana, pues sospecha asuntos turbios en El Peñón.

El imperio de las mareas consiente varias lecturas: puede leerse como una angustiosa fantasía sobre el presunto destino colectivo que abatirá a nuestro planeta, pero asimismo como una historia policial o como un cuento de amor romántico. A la distancia, Kafka y Castañeda emparejan el paso: Gregor Samsa se convirtió en un insecto y Gregor (alias Sakana) en una suerte de Aquamán, héroe de historieta, lectura favorita del muchacho.

La novela, además, es narrada con una prosa limpia y fluida, colmada de bellas imágenes que evocan el mito de la Atlántida y el fenómeno de las grandes mareas que convierten en isla otro cerro y otra casa. Castañeda, autor de notable pulso narrativo, sigue adelante, digamos que por tierra y por mar, en la construcción de una valiosa obra literaria■


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